Me llamo José.
Conocí a Agustín por casualidad. La verdad es que yo no creía en estas cosas.
Desde pequeño, en la casa de mis padres me ocurrían situaciones que nunca entendí. Sentía escalofríos sin motivo, me levantaba cansado aunque hubiera dormido muchas horas y, muchas noches, dormía con la cabeza tapada porque sentía miedo sin saber por qué.
También me sucedían episodios extraños. Me despertaba en habitaciones distintas de donde me había acostado, encendía luces mientras dormía y tenía la sensación de que algo no iba bien en aquella casa.
Recuerdo especialmente un día en el que me desperté de la siesta y vi el techo completamente lleno de moscas. No había ninguna en el resto de la vivienda y las ventanas tenían mosquiteras. Fue algo tan extraño que llamé a un vecino para que lo viera.
Años después, Agustín entró por primera vez en la casa. Sin conocer su historia, me pidió que abriera varias habitaciones. En una de ellas me habló de dos niños. Allí habían fallecido dos hermanos míos en un incendio cuando eran pequeños. Después me señaló otra habitación y me dijo que allí había ocurrido algo relacionado con las moscas. Era exactamente el lugar donde sucedió.
Aquello me impresionó profundamente.
Agustín realizó una limpieza y una protección de la vivienda. No puedo explicar lo que ocurrió, pero sí puedo explicar lo que cambió.
Desapareció la sensación de frío constante que había en la casa. Empecé a descansar mejor. Dejé de levantarme dormido y desapareció aquella inquietud que me había acompañado durante tantos años.
Han pasado más de veinte años desde entonces. Mi madre sigue viviendo allí y la casa continúa transmitiendo tranquilidad y paz.
Cada persona tendrá su propia explicación para lo ocurrido. Yo solo puedo contar mi experiencia y decir que aquel trabajo marcó un antes y un después en nuestra vida.